044 : Arte gráfico y su identidad.


Entre tradición y modernidad

Durante el gobierno Meiji, con la intención de equipararse a los países industrializados se promulgaron un gran número de reformas que desencadenaron cambios drásticos en la sociedad, economía y política. Dentro de estos cambios, el arte tampoco se quedó al margen. Se invitó a pintores y escultores europeos a Japón para que enseñaran en las escuelas de arte de reciente creación, al tiempo que los artistas japoneses viajaban al extranjero para estudiar las nuevas tendencias. Sin embargo, este proceso de modernización no estuvo exento de inconvenientes. Los talleres tradicionales perdieron la ayuda económica de la antigua clase dirigente de los samuráis. Las nuevas tecnologías importadas de Occidente expusieron los oficios tradicionales a quedar obsoletos y el grabado tradicional en madera se enfrentó a la competencia feroz de las técnicas gráficas modernas, como la fotografía o la litografía.
Por todo ello, a finales del siglo XIX, el 浮世絵 ukiyo-e (grabado en madera japonés) se hallaba en declive. Aquel universo de "imágenes del mundo flotante", poblado de cortesanas, samuráis, geishas y actores de kabuki dejó de ser de interés para la población urbana, que había abrazado las costumbres occidentales. A la vez, paradójicamente, a raíz de la apertura de Japón al mundo, en los mercados extranjeros la demanda de grabados en madera de maestros del periodo Edo, como Utamaro o Hokusai, experimentó un fuerte crecimiento. A partir de 1860 se empezaron a exportar grabados a Europa y América, donde tendrían un profundo impacto en movimientos como el impresionismo o el modernismo.



Identidad cultural

Esta apreciación del arte gráfico tradicional japonés en Occidente condujo de vuelta a una revalorización de este medio de expresión al interior del país coincidiendo con una época de replanteamiento de la identidad.
A finales de la década de 1880, después de una fase de rápida occidentalización, los intelectuales y los altos funcionarios japoneses empezaron a cuestionar la recepción acrítica de los valores occidentales. En este contexto de búsqueda de una identidad cultural, el periodo Edo, considerado hasta poco antes como una época atrasada, fue promovido como depositario de la cultura japonesa.
La tendencia a regresar a los valores autóctonos también afectó a las artes visuales. En 1890, el 日本画 nihonga se instauró como un estilo de pintura nacional, en oposición al yōga o pintura de estilo occidental. En el arte gráfico también se observó la división entre un estilo de influencia occidental y un estilo autóctono, representados por el movimiento de vanguardia del 創作版画 sōsaku hanga (estampas creativas) y la corriente de recuperación del 新版画 shin hanga (nuevas estampas), heredero del ukiyo-e. Con el impulso de Watanabe Shōzaburō (1885-1962) y la maestría del pintor Itō Shinsui (1898-1972) al frente, un conjunto de artistas lograría preservar un espacio para el grabado en madera tradicional en el contexto de los nuevos tiempos, dotándola de una nueva sensibilidad.
El shin hanga nació hacia 1915 gracias a Shōzaburō, que había iniciado su carrera como anticuario especializado en la exportación de estampas del periodo Edo, en un intento de revitalizar el mercado del grabado tradicional japonés en madera. El movimiento prosperó entre 1915 y el estallido de la Guerra del Pacífico en 1942, y floreció de nuevo, brevemente, entre 1946 y principios de los años sesenta.



Visión idealizada y romántica

Tanto en lo que concierne a su forma de producción –un sistema de división del trabajo que implicaba la colaboración entre el artista, el grabador, el estampador y el editor– como a su temática, las nuevas estampas se remontan a los modelos precedentes del ukiyo-e del periodo Edo, pero actualizados con los gustos y la estética contemporáneos.
Producidos principalmente para el mercado extranjero (en gran medida el norteamericano) los shin hanga presentan una visión idealizada y romántica del Japón preindustrial. No obstante, las nuevas estampas gozaron también de una gran popularidad en Japón.
Las representaciones tradicionales de 美人が bijinga (mujeres hermosas), 風景が fūkeiga (paisajes idílicos) y 約シャ絵 yakusha-e (bellos actores del kabuki) encontraron una buena acogida en gran parte del público japonés, que anhelaba paisajes rurales y valores tradicionales en momentos de cambios acelerados en el país.
A pesar de que su mirada retrospectiva y su esteticismo han sido objeto de polémica, los grabados shin hanga son todavía hoy muy relevantes tanto por su sofisticación técnica como por su valor como producto y documento de una era en que la sociedad japonesa buscaba la propia identidad cultural.




Entre los pintores que estuvieron a la cabeza de la escuela de nihonga en los dias del Período de Meiji, sobresalen los nombres de Shimomura Kanzan (1873-1930), Watanabe Shōzaburō (1885-1962), Itō Shinsui (1898-1972), Hishida Shunsō (1874-1911) y, sobre todo, Yokoyama Taikan (1868-1958). Este último fue el genio creador que supo mantener los valores esenciales de la pintura tradicional, a la vez que le añadía indudables dosis de energía revitalizadora. Entre las figuras más significativas de la escuela de yōga están Asai Chü (1856-1907), Ruroda Seiki (1866-1924) y Fujishima Takeji (1867-1943).

Hace más de cincuenta años atras, Hishida Shunsō escribió:

"Estoy convencido de que en el futuro, quizás no en un futuro cercano, la pintura de estilo occidental y la de estilo japonés llegarán a considerarse como pintura de estilo japonés, ya que las dos están concebidas por la mente japonesa y realizadas por artistas japoneses. Cuando este tiempo llegue, la actual diferenciación entre estilo occidental y estilo japonés en pintura cesará, y sólo existirá la diferencia de los materiales empleados"

Pensamiento que hoy en día podemos decir resultó totalmente cierto.

El Período de Meiji tuvo una importancia incalculable en la formación del arte moderno de Japón. Por una parte, el arte de estilo occidental terminó de aclimatarse en Japón, y fue adquiriendo características propias al ser asimilado por los artistas japoneses. Y por otra, el mismo arte de estilo tradicional japonés adquirió nuevos valores y se renovó por completo al asimilar también las nuevas ténicas llegadas de Occidente. Esta renovación cultural, que tuvo lugar en las islas japonesas después de los siglos de aislamiento del Período de Edo, no fue más que el comienzo de una transformación casi total, que se realizaría en los periodos siguientes.

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